La inesperada libertad de un día laboral de ocho horas

Cuando empecé a trabajar como freelancer, inmediatamente quise entregarme a la libertad de trabajar cuando yo quisiera y de tener total flexibilidad. No hallaba la hora de tirar la jornada laboral de ocho horas al cesto de la basura y adoptar a plenitud la #vidaremota.

No estaba buscando hacer realidad esa fantasía de Instagram de trabajar desde una hamaca en la playa, pero sí había contemplado dulces escenarios de una vida llena de laboriosas jornadas en lindos cafés salpicadas con pequeñas dosis de hacer lo que se me antojara.

¿Pasear el perro? Cuando quisiera. ¿Salir a correr? Cuando quisiera. ¿Bañarme? Cuando quisiera. Como ahora tenía 24 horas en las cuales podía trabajar, a duras penas llegaría a sentir que lo estaba haciendo si repartía mis obligaciones en pequeños bloques de 2 a 3 horas cuando realmente tuviera ganas de hacerlo, ¿verdad?

Nueve meses más tarde había regresado a la jornada laboral de ocho horas.

A continuación explico cómo es que, paradójicamente, descubrí la libertad, productividad y tranquilidad que viene con una semana laboral de 40 horas…

Fase 1: La rebelión contra la semana laboral de 40 horas

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Industrias Henry Ford. Fuente: Wikimedia Commons

La semana laboral de 40 horas es el estándar para un empleo de tiempo completo, pero no siempre fue así. La historia detrás de este horario arbitrario es una fascinante historia sobre revueltas de trabajadores, la línea de ensamblaje, Henry Ford y el capitalismo pragmático.

Los representantes de los trabajadores lograron introducir por primera vez algunas leyes pobremente reguladas de jornadas de ocho horas a finales de 1800. Luego, en 1926, Ford lo implementó voluntariamente en todas sus fábricas de automóviles. Poco a poco, las cuarenta horas se convirtieron en la norma aceptada y después se legalizó mediante la Ley de Normas Justas de Trabajo de Franklin D. Roosevelt promulgada en 1940.

La política inesperadamente progresiva de Ford no era de corte altruista. Su idea era limitar el número de horas trabajadas (48 horas por semana era la norma de la época), pero exigir el mismo nivel de producción por empleado. Esto aumentaría la productividad y al mismo tiempo alentaría a los empleados a gastar sus salarios en la economía local durante sus horas no laborables.

En pocas palabras, la semana laboral de 40 horas ponía el énfasis en la producción, no en las horas. Si seguimos esta idea hasta su conclusión lógica, no hay ninguna razón por la cual tengamos que trabajar 40 horas o 48 horas o cualquier número de horas.

Los horarios flexibles suelen verse como una ventaja para los empleados (¡y lo son!), pero también pueden una gran ventaja para los empleadores. Las empresas que ofrecen a sus empleados la libertad de dar forma a sus propios horarios laborales ven aumentos en la productividad y disminución en los niveles de estrés y absentismo.

Esta evidencia está haciendo que la semana laboral de 40 horas se quede a mitad de camino, incluso en industrias donde los detractores afirman que los horarios laborales flexibles arruinarían la productividad.

Empresas como Haworth, un fabricante de muebles ubicado en Holland, Michigan, están reconociendo los horarios flexibles como un recurso valioso. Estos llamados trabajadores “de cuello azul” están probando turnos flexibles y gestionando tareas en lugar de horas, pues ellos también admiten los beneficios de la flexibilidad de horarios.

Industrias de todo tipo están reconociendo que alejarse de la semana laboral de 40 horas permite más oportunidades para el establecimiento de estructuras horarias diversas que se ajusten a la forma en la que cada uno trabaja mejor. Después de todo, ¿no es mejor trabajar cuando te sientes motivado y tienes la energía, en lugar de obligarte a cumplir un horario arbitrario?

A medida que me adaptaba a mi propia vida laboral flexible, tuve que absorber todo esto. Sabía los inconvenientes que tenía la semana laboral arbitraria de 40 horas, y estaba lista para deshacerme de toda estructura en mi día cuando tomé el riesgo de trabajar como freelancer.

El futuro del trabajo, pensé, era trabajar cuando se me antojara.

Fase 2: Aceptar (a regañadientes) que la estructura tiene sus ventajas

Así es cómo se veía, en la práctica, mi concepto de “trabajar cuando se me antojara”:

Trabajaba todo el tiempo.

Cada hora del día se convirtió en una hora potencial para trabajar. Dejé de utilizar RescueTime porque me aterraba ver cuántas horas de la semana estaba trabajando con altos porcentajes de “productividad”. Y, de alguna manera, persistía esa sensación de que no estaba avanzando en las cosas importantes.

No tenía límites entre el trabajo y el no trabajo.

Enviaba e-mails y revisaba mis notificaciones de Slack desde la cama. Organizaba mis tareas de Todoist y pizarras de Trello desde el parque de perros. Había desarrollado una reacción pavloviana a las notificaciones en burbujas rojas tan seria como la respuesta que tenía antiguamente hacia la luz roja intermitente de las notificaciones de mi BlackBerry.

Como siempre tenía algo que podía estar haciendo, sentía como si debiera estar haciéndolo.

Nunca me pude relajar como cuando terminaba mi turno en el restaurante donde trabajaba en la universidad. Esa sensación de haber terminado completa y verdaderamente mi día sin tener ninguna obligación hasta el siguiente día.

También me enfrenté a un desafío particular para los trabajadores en remoto: mi trabajo no solamente me seguía hasta mi casa; mi trabajo estaba en mi casa. Y en mi teléfono. Y en mi ordenador, y en todo lo que solía usar para actividades que no estaban relacionadas con el trabajo. Crear una barrera era casi imposible.

Cuando se les da la opción de elegir horarios flexibles, muchos empleados se esfuerzan demasiado. Los empleados de Never Settle LLC, una compañía de software con sede en Denver, trabajaron 52 horas semanales en promedio cuando se les dio la oportunidad de elegir sus propios horarios sin tener que apegarse a una estructura o modelo rígido ya establecidos.

Incluso en entornos de trabajo flexibles, mucha gente todavía utiliza el número de horas como una medida de producción y progreso, una idea que se ha arraigado en la experiencia laboral de los estadounidenses.

Cincuenta y dos fue el número de horas que yo terminé promediando, por eso se que me quedó grabado. Anhelaba la estructura del saber cuándo terminaría mi día.

Pues bien, ¡sorpresa! Resulta que un horario laboral “flexible” para mí significó regresar a la semana laboral de 40 horas.

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Fase 3: Crear una estructura que funcione

El lado oscuro del horario flexible es que a menudo pagamos su precio: a las 9 p.m. estamos haciendo llamadas y enviando correos electrónicos mientras esperamos a que nuestros hijos salgan del entrenamiento de béisbol. La misma tecnología y mentalidad que nos permite ser flexibles también puede obligarnos a regresar al trabajo a deshoras.

Algunas empresas de servicios profesionales se están moviendo hacia el modelo “firm 40”, o la idea de que 40 horas de tu semana pertenecen a tu empleador. Y punto. Sin distracciones. ¿Y el resto de tu tiempo? Ese es tuyo, total y absolutamente tuyo. Compañías como United Shore Financial Services LLC le exigen a sus empleados desconectarse completamente cuando dejan la oficina.

El resultado es un ambiente de trabajo completamente libre de distracciones, nada de Facebook ni cotorreo ocioso, pues los empleados saben que solo tienen 40 horas para completar su trabajo de la semana.

Esta idea se traduce bien en la estructuración de tu jornada de trabajo individual.

Si sabes que tienes un número finito de horas para completar tu trabajo, es más probable que te concentres hasta que sea hora de parar. Cuando me permitía ver mi “jornada laboral” como cualquier momento entre que me levantaba y me iba a dormir, siempre podía dejar las cosas para “más tarde”, pues siempre había un “más tarde”.

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Así que volví a mi jornada laboral de ocho horas para proporcionarme:

  • Estructura
  • Previsibilidad
  • Permiso para dar por “terminado” el día y decir “haré eso mañana”
  • Límites

A continuación explico cómo se ve mi jornada laboral de ocho horas y algunos enfoques que puedes robar para crear tu propia estructura (si eres como yo y ¡la necesitas!)

Establece un horario fijo, con un poco de flexibilidad incorporada

Yo trabajo cuatro horas en la mañana y cuatro horas en la tarde, no importa qué.

Si decido acortar o alargar mi hora de almuerzo, entonces puedo comenzar o terminar mi jornada más tarde o más temprano. Si decido dar un paseo por la tarde, lo compenso en alguno de los dos bloques.

Adherirme rígidamente a un número total de horas trabajadas me ayuda a no excederme, y la ligera flexibilidad incorporada me ayuda a no tener que depender demasiado de mi voluntad para apegarme al sistema. Ser un poco permisivo con uno mismo puede tener un enorme impacto en la mentalidad.

Por supuesto, hay días en los que tengo que trabajar más de ocho horas. Si voy a tomarme un viernes libre por un puente o estoy tratando de adelantar trabajo debido a un viaje, tengo que trabajar más de ocho horas.

La idea es crear un horario estructurado en el que trabajar demasiado o no producir suficiente es la excepción, no la regla.

Usa una lista de tareas en la que puedas priorizar y mover tareas físicamente

Yo mantengo abierta una lista de tareas pendientes en Todoist con los elementos prioritarios que deben hacerse ese día en rojo, y otros elementos de diversa importancia en naranja o amarillo. Los elementos en rojo no se pueden mover para el día siguiente, así que me concentro en esos primero y trato de alcanzar un nivel profundo de concentración, trabajando en una sola tarea a la vez.

Si no llego hasta los elementos en naranja o amarillo dentro de mis ocho horas laborales, muevo esos elementos para el siguiente día, donde se vuelven rojos, y así sucesivamente. El hecho de mover físicamente esas tareas a la lista del día siguiente y ver una clara lista de tareas pendientes al final de las ocho horas contribuye enormemente a mi sensación de haber terminado ese día laboral.

¡Wow! ¡#TodoistZero!
¡Wow! ¡#TodoistZero!

Hay una gran cantidad de investigaciones sobre las listas de tareas, algunas concluyen que son lo mejor y otras lo peor del mundo, y todos tenemos diferentes formas de abordar nuestras listas de tareas.

Yo he experimentado con listas en papel, listas digitales, ambas, diferentes métodos de tachado, incluso he probado a no hacer listas de tareas (¡eso no duró mucho!), y más. Tómate el tiempo para experimentar y averiguar qué es lo que te funciona mejor. No es divertido tratar de ser productivo cuando estás luchando contra tu propio sistema.

Usa cronómetros y desactiva tus notificaciones para alcanzar una mayor concentración

Yo pongo un temporizador Pomodoro por 50 minutos, que es más o menos el tiempo que logro mantener un estado de concentración profunda sin que mi cerebro divague. Después me doy 10 minutos por cada hora para hacer lo que yo quiera (revisar las redes sociales, ver vídeos, enviar mensajes de texto, lanzarle la pelota al perro, etc.), siempre y cuando me ponga de pie y me aleje de mi escritorio mientras lo hago.

La ciencia demuestra que esas pausas disparan tus niveles de energía, restauran tu concentración y hacen posible que llegues hasta la siguiente pausa produciendo excelente trabajo.

También eliminé de mi teléfono la aplicación que me mandaba más notificaciones. Esto significa que estoy menos tentada a revisarlas cuando no estoy trabajando. Como tengo bien separadas las aplicaciones de mi vida personal y el trabajo, puedo hacer esto sin mayor dificultad. Tengo que estar “en la oficina” para estar disponible en aplicaciones vinculadas al trabajo,

Desde luego, esto no le va a funcionar bien a todos. Sobre todo si pasas la mayor parte de tu día fuera de la oficina o utilizas programas para tu trabajo y proyectos personales. Pero incluso desactivar las notificaciones que saltan a la pantalla puede ayudarte a sentir menos urgencia de revisar ese mensaje de Todoist cuando deberías estar en descanso.

Sí, mantener “horas de oficina” se traduce en una menor flexibilidad. No puedo opinar en una conversación en Slack mientras espero mi turno en el consultorio médico. Pero tampoco tengo que participar en una conversación en Slack mientras estoy esperando mi turno en el consultorio médico.

Cómo pueden los trabajadores remotos crear una estructura que funcione

Es cierto que muchos freelancers prosperan como trabajadores remotos sin tener horarios fijos y pueden adoptar a plenitud la flexibilidad de trabajar remotamente.

Si eres como yo y no eres esa persona, tomar la decisión de estructurarte debe sentirse tan liberador como tomar la decisión de no añadir estructura a tus días. De por sí trabajas de una forma no convencional (aunque el trabajo a distancia se está volviendo cada vez más convencional), así que tienes el poder de decisión en tus manos.

El punto es que la gente debería tener la libertad de elegir sus mejores horarios para producir su mejor trabajo, incluso si el horario escogido se parece bastante a la arbitraria semana laboral de 40 horas.

Para los freelancers y trabajadores a distancia, es importante acordarse de:

  • Experimenta, y mucho. Lo que te funciona bien hoy puede no servirte en seis meses o en un año cuando las circunstancias cambien. Estructura no implica rigidez, así que prueba diferentes horarios continuamente para averiguar cómo trabajas mejor.
  • Resígnate a no cumplir con el estándar de “la vida freelance perfecta”. No te voy a mentir: cuando regresé a las temidas 40 horas, sentí como si estuviera traicionando a todos los trabajadores que antes de mí prepararon el camino para los horarios laborales flexibles y el trabajo a distancia. Yo sentía que debía o estar en la playa a mitad del día o trabajando de noche, o simplemente haciendo cualquier cosa en algún horario que contrastara irrefutablemente con una jornada laboral “normal”. Pero esa es la razón de que estés buscando flexibilidad: para crear un horario que te funcione bien a ti. No tiene que parecerse a la visión (totalmente falsa) que los demás tienen del trabajo flexible.
  • Identifica lo que te sirve, incluso si se trata de un remanente. Cuando abandoné lo que se entiende por oficina tradicional, quise deshacerme de todo lo que tenía que ver con esa vida. Trata de ser más mesurado, evalúa qué elementos de tu antigua e inflexible forma de trabajar realmente funcionaban. Cosas como los horarios estructurados, las reuniones semanales y el elemento social alrededor de la cafetera podrían tener un valor real para ti. Puedes encontrar formas de incorporar esas cosas en tu configuración actual más flexible.

Cómo pueden los equipos remotos crear una estructura que funcione

Los equipos remotos o totalmente distribuidos tienen una capa adicional de dificultad. Tratar de hacer que todos en el equipo se muevan hacia objetivos comunes al tiempo que se concilian los estilos de trabajo y horarios de cada miembro puede ser una pesadilla logística, especialmente para los equipos internacionales.

Algunas compañías prefieren evitarse complicaciones y adoptar la colaboración asincrónica, o la idea de que aunque la gente trabaje en zonas horarias y en momentos diferentes, el equipo puede ser productivo si cuenta con las herramientas adecuadas.

Empresas como Zapier, Crew, Buffer e incluso Todoist trabajan de forma asincrónica y no tienen horarios fijos en absoluto, la gente trabaja en sus tareas cuando así lo prefieran. Siempre que todos sean productivos y se adapten bien al equipo, no hay requisitos en cuanto a la duración de la jornada laboral.

Otros equipos como los de Trello e InVision tienen horarios en los que se anima al equipo a estar “online” y coincidir con otros miembros para una colaboración más sincrónica. Trello prefiere que los horarios de sus trabajadores a distancia se sobrepongan con los de su oficina de Nueva York y trabajan desde el mediodía hasta las 4 p.m., hora del Este, mientras que InVision anima a su equipo a iniciar sesión en los canales internos entre las 10 a.m. y las 3 p.m., hora del Este.

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Fuente: iMedicalApps

Incluso si tu equipo no tiene horario fijo, suele ser una buena idea proporcionar algún tipo de estructura y brindar soporte a esos miembros del equipo que eligen regirse por horarios.

La estructura en un equipo con horas inciertas se basa en el sistema de gestión que eligen para su proyecto, la forma de establecer las metas del equipo y la de calcular su productividad.

Fase 4: ¡Gana dinero!

No puedo prometerte que darle cierta estructura a tu día te traerá riquezas (después de todo esa fórmula incorpora unos cuantos elementos más). Pero si la estructura es algo que te beneficia, probar algo como una semana laboral de ocho horas (o siete, o seis, o nueve) de seguro te traerá prosperidad a nivel emocional y de productividad.

Puede que haya regresado a la semana laboral de 40 horas, pero sigo creyendo que medir los resultados por el número de horas trabajadas no tiene sentido en la realidad actual. Cuarenta es solo el número con el que me quede después de probar varias cosas. Entiendo que no hay evidencia científica que indique que 40 sea mejor o peor que cualquier otro número de horas. Incluso Henry Ford, el creador de la semana laboral de 40 horas, lo hizo para aumentar la productividad de su propia empresa y para darle a sus empleados más tiempo libre, de modo que pudieran salir y gastar sus salarios.

Pero quizá Ford se dio cuenta de algo, incluso si sus motivaciones eran sospechosas. Resulta ser que ocho es la cantidad de horas adecuada en la que puedo hacer suficiente trabajo para mantener mi negocio andando, a la vez que me permite bastante tiempo para las actividades re-energizantes que no tienen que ver con el trabajo.

Es posible que en el futuro se reduzcan esas horas a 35, 32 o incluso 30 horas por semana, cumpliendo con todas las obligaciones. La semana laboral oficial en Francia es de 35 horas por semana, y los franceses ocupan el segundo lugar en cuanto a productividad después de los alemanes. En Suecia, la jornada laboral muestra una tendencia hacia las seis horas únicamente.

A fin de cuentas, la justificación de la jornada laboral de ocho horas-y-basta es la misma de los horarios flexibles: todos deberíamos tener tanta libertad como sea posible para planificar nuestros días para el éxito. Como aprendí por experiencia propia, la libertad no siempre es lo que esperabas que fuera.


Sobre la autora: Claire Autruong es una especialista en marketing y contenidos freelance que ama las aplicaciones, la productividad, la tecnología y el desarrollo profesional. Vive en el noroeste del Pacífico entre las montañas y el mar. Salúdala en Twitter.

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