Esto es lo que comen las personas más improductivas del mundo (basado en ciencia)

Muchas veces cuando pensamos en los factores que contribuyen a nuestro desempeño en el trabajo, rara vez se le da mucha importancia a la comida. De hecho, comer se convierte simplemente un hábito que nos proporciona energía para sobrevivir esa interminable junta, o el combustible necesario para seguir contestando los miles de correos electrónicos. Pero, la comida es mucho más importante que eso.


Importante: Los alimentos que seleccionas afectan todo tu cuerpo, incluyendo tu cerebro, y por ende tu desempeño en el trabajo.


Una mala decisión durante el almuerzo como un sándwich de la máquina en el pasillo tendrá una consecuencia directa en tu productividad durante el resto del día. Es decir que efectivamente ahorras unos 10 minutos, pero el cuerpo te cobrará factura al poco rato perdiendo aún más tiempo tratando de concentrarte.

En realidad, es algo que sabemos intuitivamente, el problema es que no lo llevamos a la práctica, en parte porque la alimentación es un tema muy amplio (necesitaría cientos de artículos para explicarlo a fondo) por eso, a continuación nos enfocaremos únicamente en el villano número de la alimentación: el azúcar.

El asesino de tu productividad: el azúcar

Los científicos también se equivocan.

Hace muchos años el enemigo público número uno de la salud eran las grasas. Se pensaba que el incluir grasas en la alimentación aumentaba el colesterol en la sangre, lo cual podría tener repercusiones en la salud del corazón. Hoy en día sabemos que eso no es del todo cierto, pues en una persona sana el hígado tiene la capacidad de frenar la producción de colesterol cuando este es consumido en la alimentación.

Sin embargo, en aquella época el mundo se puso de cabeza con esta noticia revelada por la comunidad científica. La industria alimentaria aprovechó al máximo este nuevo descubrimiento lanzando los famosos productos “sin grasa”, “bajos en grasa” o “sin colesterol” e incluso se crearon productos nuevos en esta versión. Los consumidores de estos productos quedaron encantados, las ventas aumentaron, los gastos de producción eran muy bajos y los productos tenían más tiempo caducidad, un negocio perfecto.

Sin embargo, después de varias décadas eligiendo estos famosos productos “bajos en grasa”, aún no hay un cambio evidente en las cifras de mortalidad por enfermedad cardiaca, es más, aumentaron. Se calcula que más de 17 millones de personas mueren por enfermedad cardiaca anualmente, y gran parte del riesgo es debido a esta incorporación de alimentos procesados en nuestra vida. En otros números, actualmente existen más de 1.400 millones de adultos con sobrepeso u obesidad, cifra que sigue y sigue en aumento.

La comunidad científica se preguntó: “pero, ¿qué fue lo que hicimos mal?”…

Resulta que al extraer toda la grasa a los alimentos, estos pierden su sabor, su consistencia y su palatabilidad. Pero, la oportunidad de generar ventas millonarias con los productos de moda “bajos en grasa” era tan grande que la industria alimentaria solucionó el problema de forma simple: agregando mucha azúcar, sodio y un sinfín de químicos.

productos procesados
Crédito de la imagen: Igor Ovsyannykov

Estas cantidades exageradas de azúcar fueron poca poco reemplazadas por sus versiones más baratas, como el jarabe de maíz, el jarabe de fructosa y una larga lista que veremos más adelante. Así que mientras los consumidores pensaban que era algo “sano” evitar la temida grasa, en realidad, estaban llenando su cuerpo de azúcar, el verdadero villano.

Al día de hoy, el marketing detrás de las etiquetas “sin grasa” es tan efectivo que seguimos encontrando este tipo de productos en los pasillos del supermercado. Es más, he visto la etiqueta “sin colesterol” hasta en el aceite de oliva, algo sumamente absurdo porque ninguna planta tiene un hígado que pueda producir colesterol y, por lo tanto, absolutamente todas las grasas vegetales son libres de colesterol.

El problema más grande es que a pesar de que los científicos gritaron “¡hey nos equivocamos, las grasas no son tan malas!”, ya era demasiado tarde.

¿Cómo afecta el azúcar a tu cerebro?

Nuestro cuerpo no cuenta con la maquinaria suficiente para recibir tales cantidades de azúcar y en tan poco tiempo. La única solución viable para nuestro organismo es almacenar el exceso de azúcar extra en forma de grasa.

Piensa en esto: un refresco de cola contiene 20 cucharadas de azúcar. ¿Te imaginarías comiendo esas cucharadas de azúcar en un periodo de 10 minutos sin vomitar? ¡Por supuesto que sería más asqueroso que un shot de jarabe para la tos!

Lo peor es que estos productos ocasionan la aparición de enfermedades crónicas, dañando irreversiblemente todos tus órganos (incluyendo tu cerebro). A corto plazo, tu cerebro estará muy contento de recibir tales cantidades de azúcar, pues se convierte en un estímulo casi tan poderoso como la cocaína ¡en serio!

De hecho, en experimentos con ratones, el consumo de azúcar frecuente fue más adictiva que el consumo regular de cocaína, algo que es visible al comparar las áreas estimuladas del cerebro por el azúcar. Lo que significa que estos productos activan un ciclo de estímulo y recompensa, ocasionando que tu cerebro se vuelva adicto.

El azúcar puede ser adictiva para tu cerebro.

Cuando el corto efecto del azúcar desaparece de tu cerebro ocurren dos cosas terribles para tu productividad:

  • El pico de insulina cae y te genera una sensación de cansancio insoportable, lo que evidentemente obstaculiza tus intentos por mantenerte enfocado y terminar satisfactoriamente tus tareas importantes.
  • Este pico de insulina se relaciona con la aparición de la hormona del estrés, lo que hace más probable que sufras ansiedad y cambios en tu estado de ánimo, algo nada favorable si tienes que tomar decisiones importantes en tu trabajo

A largo plazo el efecto azucarado es aún más aterrador: un estudio en la UCLA concluyó que una dieta rica en azúcar añadido puede dañar la comunicación entre las células de tu cerebro, lo que dificulta el proceso de aprendizaje y memoria, aumentando además la probabilidad de padecer demencia o alguna otra enfermedad mental.

Los altos niveles de azúcar en la sangre también se han relacionado con la inflamación en el cerebro. Y como algunas investigaciones han sugerido, la neuroinflamación puede ser una posible causa de depresión severa.

Por si fuera poco, el aumento en los niveles de insulina aumenta tu presión arterial y la frecuencia cardíaca, lo que hace más probable padecer una enfermedad cardiaca que pone en riesgo tu vida.

La única solución es evitar los alimentos procesados que contienen cantidades exageradas de azúcar. A continuación encuentras una lista que puedes tener en tu móvil o en tu app de tareas favorita la cual te ayudará a decidir mejor tus alimentos y evitar aquellos alimentos azucarados que debilitan tu salud y productividad.

La lista anti-azúcar para mejorar lo que comes y maximizar tu productividad

De nada sirve toda la información anterior si no hacemos algo al respecto:

  1. Descarga esta lista:
    lista saludable todoist
  2. Utiliza esta lista para evaluar de forma rápida un alimento antes de comprarlo, antes de comerlo o antes de beberlo.
  3. Si no cumples ni un solo punto, aléjate lo más rápido posible de ese alimento, no lo compres, no lo comas, y no lo bebas nunca jamás.

1. No comas nada que tu abuelita no reconozca como comida

Tus abuelos son una fuente fiable para distinguir entre lo que sí es comida y lo que no es comida.

Hace 100 años se consumía menos de 24 gramos de azúcar por persona, pero ahora consumimos 17 veces más azúcares, un promedio de 408 gramos de azúcar ¡por persona!

Esto ocurre porque entre 1970 y 2005 el consumo de refrescos incrementó un 70% ya que los azúcares añadidos en los productos aumentaron de 20 cucharaditas a 43 cucharaditas por persona durante el mismo periodo de tiempo. Es imposible agregar 20 cucharadas de azúcar visiblemente a tus alimentos, lo que quiere decir que todo este extra de azúcar está escondido en los productos que comes a diario.

Por esta razón, no deberíamos de darle la categoría de comida o alimento a muchos productos que venden en el supermercado. Si el alimento necesita una etiqueta que explique qué es, o qué contiene, no es comida y punto.

Por ejemplo: una manzana es una manzana, ni siquiera tienen que explicar qué contiene. En cambio un aderezo de ensalada requiere de un desglose amplio de lo que hay dentro de la botella, por consiguiente la manzana es un alimento y el aderezo es un producto.

¿Es un alimento de verdad?

  • Si es un alimento de verdad ¡cómetelo! Sólo ojo con las porciones que te pones en el plato y con la forma de preparación (recuerda agrega más alimentos y no productos).
  • Si no es un alimento de verdad, es decir, se trata de bollería, unas chips, un donut, una pizza, o algo similar, entonces, simplemente NO lo comas y elige otra cosa. Así de simple.

2. Desconfía del etiquetado y lee las etiquetas del reverso

El azúcar también sobrevive en cada escena y aparece hasta en dónde menos te lo imaginas. Hay productos salados que tienen azúcar como las chips, o el pan; otros productos dicen que son 100% naturales, pero si examinamos los ingredientes están endulzados con concentrados de frutas (lo que es básicamente azúcar).

Estos son otros alimentos cómplices del azúcar, aquellos que parecen saludables pero que tienen mucha azúcar añadida: salsas para pasta, aderezos de ensalada, pan de molde, carnes frías, yogur de sabores, cereales del desayuno, barras proteinas, avena de sabores, o zumos de fruta.

¿El azúcar aparece como ingrediente en las primeras posiciones?

Fijarte en los 3 primeros ingredientes será suficiente, pero no siempre dice “a-z-ú-c-a-r”, sino que puede disfrazarse con otros nombres: Fructosa, Glucosa, Jarabes (de todo tipo: maíz, malta, maple), Melaza, Sacarosa, Maltosa, Agave nectar, Concentrado de zumo de frutas, Melaza.

  • Si no tiene azúcar es una buena señal, así que luz verde para comer el alimento.
  • Si aún estás dudando, entonces sigue con la última pregunta.

3. Elige alimentos con la menor cantidad de ingredientes

yogurt
Crédito de la imagen: Unsplash

Si no tiene etiqueta, usa tu sentido común y te darás cuenta que mientras menos ingredientes tenga es mucho más fácil distinguir si es o no saludable. Por ejemplo:

  • Es mejor un yogurt natural que un yogurt de sabores.
  • Es mejor un café americano (y tú mismo le agregas la leche) que un frapuccino moka tamaño venti.
  • Es mejor una bolsita de té (y tú le agregas los hielos) que un té frío en lata.
  • Es mejor un puño de frutos secos que una bolsa de chips sabor queso.
  • Es mejor unos huevos revueltos que una tostada con mantequilla y mermelada.

Estas tres preguntas te ahorran toneladas de tiempo: primero porque rápidamente podrás seleccionar mejores alimentos, lo cual te hace más eficiente y productivo, y en consecuencia ahorrarás valiosos minutos al final de tu día.

Consejos rápidos para eliminar el azúcar de tu rutina

El simple hecho de ser consciente ya representa un gran avance, sin embargo, es importante tener en cuenta estos puntos clave:

  • La recomendación máxima diaria es de 25 gramos de azúcar al día, lo que representa 6 cucharaditas (de las del café). Yo te recomiendo que tu máximo sean 3 cucharaditas.
  • No existe un tipo de azúcar más sana que otra: el azúcar moreno, orgánico, de coco o el que esté de moda, también tienen las mismas consecuencias negativas en tu productividad.
  • Parece que últimamente el único sabor que conocemos el es sabor del azúcar con algo más, por eso, lo mejor es simplemente no endulzar y aprender a disfrutar el sabor real de las cosas.
  • Si tienes antojo dulce elige una pieza de fruta entera o endulza tus alimentos con frutas, pues además dar el sabor dulce que deseas también aportarán fibra, lo que mantiene estable tu nivel de azúcar en sangre. Por ejemplo, una tostada con fruta fresca es mejor que una tostada con mermelada o chocolate.
  • Nota: Este beneficio desaparece si bebes la fruta en un zumo (incluso si es natural)
  • Si tienes sed, nada es mejor que el agua. La gran mayoría de bebidas en el mercado tienen azúcar, así que no te dejes engañar. Elige agua con gas y trocitos de fruta para saciar tu antojo de refresco.
  • Aquí encuentras más estrategias fáciles para evitar los azúcares añadidos de tus bebidas.
  • Usa más especias para acompañar tus comidas y disminuir los aderezos y azúcar que agregas. La canela es una buena opción, para el yogurt por ejemplo.
  • Usar edulcorantes como la sacarina o preferir alimentos y/o refrescos en versión light NO es la solución. Los edulcorantes artificiales engañan a tu cerebro y lo hacen peor: proporcionan sabor dulce sin calorías, pero, el hambre no se satisface y el antojo aumenta. Un estudio de 2013 demostró que beber sólo un refresco de dieta al día está relacionado con el aumento de peso y de diabetes.
  • Haz tu compra en el mercado local, además de incentivar la economía local es mucho más probable que no agregues productos extras poco saludables a tu compra
  • Olvida el mito de que la grasa es mala. En un estudio sobre el consumo de azúcar en 175 países, se encontró que comer 150 calorías de azúcar incrementa 11 veces la probabilidad de padecer diabetes, en comparación con 150 calorías de proteína o grasas. Así que no le tengas miedo a las grasas, e incluye en su mayoría grasas vegetales en tu día como aguacate, frutos secos y aceite de oliva.

Así que ya lo sabes, la próxima vez que quieras ser más productivo, no te fijes en tu agenda o en el reloj, fíjate en lo que estás comiendo y reduce el consumo de azúcares, te aseguro que notarás la diferencia de inmediato.


Sobre la autora: Tania Sanz es nutricionista, mexicana de nacimiento y fundadora del blog Habitualmente.com. Un espacio que te ayuda a cambiar tus hábitos y a mejorar el diseño de tu rutina diaria de forma saludable con estrategias fáciles basadas en evidencia científica.

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